Sí, ahora me ha dado por ahí…por pensar en cosas raras. El caso es que me he pasado unos días dándole vueltas a cómo funciona mi cabeza, o a lo que hay dentro, para ser más exactos. Y he llegado a una bonita conclusión. Yo soy Jim Carrey. Sí, Jim Carrey, pero en chica. En chica rubia, claro.
Pero no, no es lo que estáis pensando. No tengo una máscara verde ni bailo con Cameron Diaz agitando unas maracas y un sombrero mejicano, ni soy una tonta muy tonta (que a veces sí, pero no en este caso). La cosa es que después de darle muchas vueltas he descubierto que soy como Jim Carrey en la pelicula Mentiroso Compulsivo. Que no, que no es eso. No es que sea una mentirosa compulsiva, sino todo lo contario, soy como el Jim Carrey que aperece a mitad de la pelicula después de que le lance un maleficio su hijo (o una bruja pitonisa, la verdad es que no me acuerdo muy bien de este pequeño detalle) obligándole a decir la verdad y nada más que la verdad, es decir, lo que piensa realmente (de verdad), a todo el mundo sin ningún tipo de pre-aviso ni censura. Pues bien, yo soy así.
Yo digo siempre lo que pienso, sin cortes ni reparos (Para qué? Si al final todo se sabe). No es que lo haga a proposito para ofender, es que me sale así. Mi cabeza no tiene filtros y todo puede pasar. Funciona de esta forma: yo tengo un pensamiento, y éste sale, tal cual. Simple, sencillo y efectivo. También hay que apuntar que así se produce mucho menos desgaste (hay que ahorrar). Hasta aquí todo ventajas…pero cuáles son los inconvenientes? Que la gente es muy puntillosa con esto de la verdad, que como concepto abstracto mola, pero que como realidad deja mucho que desear. Que me váis a contar a mi amigos…que yo lo vivo. La realidad es una mierda. Decir la verdad es una mierda. Ser directo es una mierda. Hay que inventarse más cosas. Mentir. O como prefiero llamarlo yo, “Crear”. Hay que crear un mundo nuevo. Algo bonito y divertido para nuestros hijos. Algo chachi, algo guay, algo de mentira.
Yo, si os tuviese que dar un consejo, es que mintieseis, y que mintieseis mucho. A tope. A piñón. A destajo. A “megamogollon”. Ah, pero una cosa, ésta que está hablando no sé si es la yo mentirosa o la yo sincera. Juzgadlo vosotros mismos.
Y mira que nos parecemos… Pero yo he llegado a una conclusión: aprovechar la inteligencia para ir por delante. No me las doy de listo (que no creo serlo) ni aparento de engreído (que tampoco) sino de práctico. Más de una vez se me escapa lo primero que pienso y la cago (mi famosa hermana tiene una anécdota mía que haría que se me cayera la cara de vergüenza) y yo, tímido como soy, me hundo en el rubor. Así que toca ser práctico.
Y sí: la verdad está sobrevalorada. y no hace falta la mitad de las veces,