Que yo soy una persona muy sensible no es ninguna novedad, debajo de esta coraza (cuerpo romano) hay un verdadero trozo de pan, con costra sí, pero también con su parte esponjosa. Y por eso una (servidora) no puede evitar sentirse mal, cuando otra (ex-segunda encargada de la servidora) le dice cosas tan horribles que le hacen estremecerse enterita. Cosas tan viles y retorcidas que ni en tus peores pesadillas te hubieses podido imaginar. Cosas…como diría yo…mira, mejor no lo digo, lo escribo.
Andaba yo ajetreada haciendo mis cosillas en mi “muy importante” ex-puesto de trabajo, cuando llega mi hora de salida (yo me doy cuenta de este hecho porque sencillamente estaba hasta los cojones de estar allí), y ni corta ni perezosa y con más culo que espalda, cojo y me siento en una silla para descansar mis maltrechos pies antes de irme. Ala!, me diréis todos, Como te pasas!, mira que sentarte al acabar tu jornada laboral…eso es un delito tipificado cuanto menos! Y penado seguramente con la silla electrica o con unas vacaciones all-inclusive en Guantanamo. Pero claro, una que es tonta (hay que hacerselo de vez de cuando) e inocente y…Pero no hablemos de mi, retomemos el hilo de la historia.
Estaba yo tan agustito en mi taburete de madera, después de mi larga jornada laboral, cuando se acerca la encargada, sigilosamente (siempre sigilosamente) y me dice algo bien alto para que lo oigan todos:
- Levántate piltrafilla!
Y yo me giro, no se hacia donde pero me giro. Y oigo una voz en mi cabecilla que dice “Are you talking to me?”. Y efectivamente me doy cuenta de que me están hablando a mi, más que nada porque la tía me está señalando y mirando fijamente. Entonces abro la boca para responder, pero no me sale nada. No no puedo hablar. Me quedo fria. Quiero gritar, pero no me dejan. Quiero morder, pero no llego. Quiero hacer algo, pero no puedo. Estoy petrificada. Me han llamado piltrafilla. Piltrafilla? A mi! Y encima alguien mas bajito y poca cosa que yo! Una mindungui! Una cualquiera…Una segunda encargada!
Dios, la verdad es que hubiese querido matarla, cocinarla a la plancha o hacerla a la sal, y darsela a su perro para que se atragantase. Pero no pude, el shock fue tan grande que no me dejó reaccionar. Y para cuando me quise dar cuenta ya era tarde…El barco ya había zarpado. Ains, no sé, hay cosas que nunca puedes olvidar, que te marcan de por vida, que se te quedan en el disco duro grabadas a fuego…
Así que yo siempre recordaré el día en el que una segunda encargada hijadeputa (porque no hay otro nombre para las segundas encargadas) me llamó, piltrafilla.
Como decía Rubianes, el trabajo dignifica…
